martes, 24 de mayo de 2011

Despedida



Me cuesta escribir o más bien describir cuando tengo pena, sin embargo, para mi es necesario hacerlo sobre todo en esas ocasiones.



A veces, uno sin querer ni proponérselo se encuentra en la vida con personas fundamentales, que nos inundan el alma, que se hacen compañeros de viajes, hermanos de alma, indispensables, imprescindibles. Yo he tenido la suerte de conocer a gente con esas características y que me han acompañado desde siempre, algunos familia, otros amigos, imprescindibles todos.



Lo malo es despedirse. No poder estar cerca, no poder seguir escuchándolos.



Durante estos últimos 6 meses estuve cerca de uno de los imprescindibles viendo cómo se extinguía su vida. Nunca durante ese tiempo pensé en el momento que se fuera, siempre pensé que saldríamos de esto, con la frente en alto, mirando para atrás y haciendo burla a la muerte. No fue así.



No tuve pena durante estos meses, no me di lugar para pensar en lo peor y sin embargo sucedió lo peor.



No me despedí nunca, aunque creo que no es necesario.



Hoy tengo más pena de la que recuerde en los últimos 10 años, sin embargo, el resumen final me indica que gane más de lo que perdí y que di menos de lo que recibí, por eso duele tanto, por eso el vacío, por eso el llanto, por eso la necesidad.



Nunca mis lágrimas fueron tan necesarias, ni tan dolorosas en la hora de la despedida.



Hoy necesito creer en que me volveré a encontrar con la gente que quiero y que se fue, sólo necesito eso.






Se me cuidan.